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A lo largo de la historia, la vid cultivada ha sufrido una mejora genética, incluidas las variedades de uva que hoy consideramos tradicionales, que son el resultado de cruces naturales. Las variedades de uva que hoy llamamos híbridas son el resultado del cruce entre la vid europea (vitis vinifera) y la americana (vitis labrusca, vitis riparia, vitis rupestris). Su creación permite aprovechar la resistencia a las enfermedades (mildiu, oídio y filoxera) de la vid americana conservando el sabor y las cualidades enológicas de las variedades de vid europeas. En la práctica, las flores de una determinada variedad deben ser fecundadas por el polen de las flores de otra variedad (de forma natural, por ejemplo, con la ayuda del viento, o artificialmente con la ayuda de un cepillo). Las semillas de los frutos de este cruce se plantan después para ver si la nueva variedad obtenida resulta interesante o no. Más tarde, y hasta la actualidad, estos cruces naturales sucesivos se han denominado variedades interespecíficas (o variedades piwi) porque su participación en las vides europeas sigue siendo mayoritaria. En conclusión, y para que no haya confusión, las vides híbridas no tienen nada que ver, en absoluto, con las vides modificadas genéticamente (OMG).